Una experiencia de ligue en Tinder

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Una vez había estado en casa de una chica que me sacó un vibrador de la mesita de noche y me explicó que sin él no se corría. Así que yo, pues, hice lo que tenía que hacer. Pero hasta ahí llegaba mi conocimiento sobre los juguetes sexuales para las tías. Qué tonto era.

A Virginia la conocí por Tinder, bueno como a casi todas. Quedamos por la tarde para tomar café, así que mis expectativas eran bajas. Joder, una cerveza por no menos, ¿no? Esto de quedar para café por la tarde a mí nunca me había llevado a follar, pero como no tenía otra cosa mejor que hacer, y la tía por foto estaba buena, pues venga, café.

La cosa es que ella me cayó muy bien desde el principio, y también estaba empalmado desde el principio. Había una química brutal y yo me sentía bastante animal, pero por otra parte estaba a gusto, nos reímos bastante. 

Así que el café llevó a la cerveza, menos mal, pero yo seguía burraco. Ya con unas cuantas más, Virginia sacó el tema de su colección de juguetes sexuales. Yo fui un poco torpe y le dije: “¿Qué pasa? ¿Qué los tíos no están a la altura?” Me acojoné, porque me miró como si fuese un troglodita y pensé que mis opciones de folleteo se habían acabado ahí.

Cambié rápido de tercio fingiendo que me interesaban mucho los juguetes, y se ve que la despisté lo suficiente como para no mandarme a la mierda. Tras un rato de explicaciones me lancé a comerle la boca como un pajillero y le dije que quería ver los juguetitos.

Y nada, que así acabamos en su casa. Joder con los juguetes. Yo pensaba que eran para ella solamente, o yo que sé, yo no pensaba en nada. Esa primera noche usamos un vibrador con forma de delfín y, cuando ella llegó al orgasmo, al tiempo que me masturbaba a mí con la mano, yo me corrí como nunca, increíble, si ni siquiera estaba dentro.

Al poco me quiso presentar a su conejito, otro vibrador, pero con una especie de pito que le tocaba el clítoris. Esto no lo había visto antes, por lo que en realidad estuve un rato observando cómo Virginia se contorsionaba mientras yo intentaba seguir su ritmo y no defraudarla.

Dormimos un rato, creo que era ya por la mañana cuando me dijo que si yo quería un juguete para mí. No quería parecer idiota, pero en realidad no tenía ni idea de qué me hablaba. Yo no quería por el culo, pero dije que sí y me tiré de cabeza.

Ahí, en ese momento, me hice adicto al huevo masturbador…Y llamadme romántico, pero creo que a Virginia también. 

Las siguientes semanas me las pasé probando con ella todo tipo de masturbadores, y para mi sorpresa no eran los de forma de vagina los que más me ponían, sino los de aspectos futurista. Si es que soy un puto friki.

Y, en fin, ya sabéis lo de que no se puede decir de este agua no beberé. De todo lo que probé esas semanas, el masajeador de próstata fue lo que más me sorprendió. Yo creo que estas cosas se las debo a Virginia, no sé, bueno estas y otras muchas.

Total, que la historia que estáis pensando es que ella pasaría de mí o que no le gustaban las poyas en realidad. Nada de eso. Ahora somos pareja, y practicamos la penetración «normalita» cuando nos da la gana. Estoy muy a gusto joder, me encanta mi loquita de los juguetes eróticos. Aunque sí que seguimos tomando café por las tardes.

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